Mostrando entradas con la etiqueta Historia Regional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia Regional. Mostrar todas las entradas

9 de junio de 2020

Historia del Inmueble de Serdán y Yáñez (La Prevo).

Por Fernando Herrera Gil 
Les comparto una de las piezas fotográficas más antiguas y relevantes que hasta el momento he logrado adquirir, es una fotografía producida en el siglo XIX, alrededor de 1876, en ella podemos apreciar la calle de los Naranjos, hoy calle Aquiles Serdán en su confluencia con el Callejón del Piojo, hoy calle José María Yáñez, tomada de poniente a Oriente, hacia la Alameda, lo que hoy lleva el nombre de Parque Francisco I. Madero.

Como se puede percibir al ver la escena, el ambiente es todavía el de una pequeña población rústica, sin embargo, un elemento sobresaliente y contrastante es la construcción monumental que aparece a la derecha de la toma, una edificación que sobrevivió hasta los años 70 del siglo XX, originalmente concebida como casa habitación.

Fue construida en el periodo 1849 - 51 por el prominente empresario molinero Francisco Monteverde Buggiano, de origen Italiano, considerado en esa época uno de los hombres más acaudalados de su época en la región, es quizás esta toma, la única que sobrevive hasta nuestros días de esa obra arquitectónica.

La casona fue en su momento la admiración de propios y extraños por su magnitud, pero sobre todo, escenario de importantes hechos históricos, de los cuales solo enumero algunos:

1852 en Octubre fue tomada durante un mes por el filibustero Gastón Rousset para acuartelar a sus mercenarios.
1856 Fallece Francisco Monteverde Buggiano y la casa es heredada por su Hijo Francisco Monteverde Díaz.
1866 El edificio fue tomado por el Gral. Ángel Martínez, para acuartelar a su tropa, durante un levantamiento contra el Imperio.
1867 La propiedad es rentada y luego vendida al Sr. Guillermo Dunn, un comerciante de Guaymas, acordando un precio de $15,000 pesos.

18 de diciembre de 2010

ALGO DE NOSTALGIA HERMOSILLENSE


GRATOS RECUERDOS DE LA EX SECUNDARIA DE LA UNIVERSIDAD DE SONORA
por Jesús Alberto Rubio   
Lunes, 07 de Abril de 2008
No se si usted estudió la Secundaria cuando pertenecía a la Universidad de Sonora (Unison), ubicada en José María Mendoza y Reforma; obviamente, de muy gratos recuerdos.
Hoy ese plantel lleva el nombre de Secundaria Federal No. 4 “Rubén Gutiérrez Carranza”, quien fue su director y maestro entre los 60´s y 70´s. 
 
Profesor Rubén Gutiérrez Carranza
Antes de que se construyera ese inmueble, ahí estuvieron las instalaciones de  un estadio para jugar pelota amateur y profesional en la Liga Norte de Sonora.
Ahí jugó el equipo “Café Combate” dirigido por Horacio “Macacho” López que tuvo como jugadores a Víctor “Cadillo” Sáiz, Juan “Yaqui” Lima, al  “Janduy”, René Cárdenas, Víctor Manuel Moreno, Fernando Andrade… era la época en que Rafael  “El Gordo” Campoy era el dirigente de la Asociación Estatal de Béisbol.
Aquella secundaria, que se trasladó a ese sitio procedente de su sede original en el Edificio de Altos Estudios de la Unison, hoy sede del Departamento de Letras y Lingüística, “competía” por ser la de mejor calidad con la famosa “Prevo” (Prevocacional convertida en ETI No. 1) y la Secundaria No. 24.
¡Qué tiempos!
A ese plantel llegué en 1967.
Venía de concluir mi educación primaria en la “Gabino Barreda” de la Colonia Independencia de Tijuana y de no haber sido por la maestra María Martínez de Martínez, le diré que no hubiese ingresado ya que el director “me veía con no muy buenos ojos” al conocer mi procedencia fronteriza.
Ya incorporado, ¡cuántas cosas!:  conocí al teacher Leo Sandoval, quien nos llevó a los intercambios a Norwalk, California, donde en dos ocasiones la familia Norton fue mi gran anfitriona y de qué manera; jugamos mucho béisbol en el equipo ESTUS; fui presidente de la Sociedad de Alumnos… y creo que hasta me puse de novio con….
Cuántos amigos pasamos gratísimos e inolvidables instantes; qué paseos a la Capilla San Antonio y su “riíto” de a lado… a Topahue, las “serenatas” a nuestros queridos maestros, especialmente del 10 y el 15 de Mayo, caminando emocionados y felices de la vida ya de madrugada por toda la ciudad cargando las guitarras.
Profesor Carlos Gámez Valenzuela
Imposible olvidar cuando el maestro Carlos Gámez, mi tutor, por encargo de su amigo, el químico César Sotomayor , ¡siempre preguntaba la clase de biología, ya se imaginará el por qué!
En el tiempo, mi cariño a Dagoberto Romo; a mi doble compadre Francisco Javier Martínez Martínez; a Pablito y Oscar Sánchez, Rodrigo Murrieta, César Ochoa, José Luis Meza López, Jorge Figueroa y Luis Edgardo Jiménez Cabrales; Lupita, “La Beba” y Alfredo Peña Porchas; Elizabeth Sandoval,  Clarissa, César y Arturo Arenas Hinojosa, Ricardo Frock Granillo, Nemesio Medrano Trujillo, …
Qué anécdotas.
Antónimo Armendáriz, colega y amigo, también recuerda pasajes y anécdotas de aquellos años de la inolvidable Secundaria Unison:
“Recuerdo a la profesora Petet, el profesor Keith, “Corralitos” (Aureliano Corral Delgado); Caro, el inigualable “Glostora” (Rubén Gutiérrez Carranza); aquel maestro de sombrerito que era militar (El Mayor Isauro Sánchez Pérez);...en fin, como hay recuerdos como los hot dogs de don Benny, el Niño Hurtado con sus clases de basquetbol, Julio Salazar de  Música con sus boletos para los conciertos de la Orquesta Sinfónica del Noroeste…
Entre más me entierro en los recuerdos salen y salen anécdotas muy padres,... ¡el uniforme con sweter mostaza y sus franjas en el brazo; el escudo de la Unison en el pecho y la infalible corbata,....!!
Está largo el recorrido por aquellos pasillos ¿y qué tal las escaleras con fuerte olor a concentrado de patchouli o cherry, fresa, violeta africano?...
¡¡Ah!! y lo mejor de todo la hora de Educación Fisica de las compañeras, única ocasión que podían mostrar sus piernas porque siempre andaban con pantalón,.... amigo , creo que hay mucho material....un abrazo! que tengas excelente día...ah ? y felicidades por tu columna.
Olvídese de cortar un rosal.
Le digo a Antonio que también recuerdo que si traíamos pelo largo, el director Gutiérrez Carranza nos metía una maquinita para cortar el cabello; no podíamos mascar chicle y menos cortar alguna flor o rosal del jardín porque había multas de no recuerdo cuánto.
Si traíamos la camisa desfajada, también le “metía tijera” y cuidado si “respingabas”.
El “Yaquito” (Manuel Quiroz Martínez/ex rector) y “La Prefecta” (Josefina…), eran  los que “nos cuidaban” o suplían a algún maestro cuando faltaba a clases.
¡Mis respetos a aquellos grandes maestros!
A Gustavo Hodgers, a Trinidad Castro, José Tinajero Meza, Pedro Vega, “La Macabra”, “La Coronela”, “Corralitos”,  “Glostora”, “Yaquito”, “La Prefecta”, “El Teacher”, Matilde Katase, Rosita, Castillo, Lupita… caray, ¡cuánta memoria ya falta!
Tomado del  Portal  WWW.CONTACTOX.NET 

1 de noviembre de 2010

Listo el Libro EPOCA DORADA DE NOGALES

Nota de Troter 67.-
Libro de colección de Pilo González , nogalense por los cuatro costados, dónde se tocan los temas que hicieron historia en la vida de los nogalenses , como son las Corridas de Toros, el Box, la Lucha y el Basquetbol.  Hay que tenerlo. 

Estimado Amigo :
Te invito a que me acompañes el próximo día 25 de noviembre a la presentación del libro de mi autoría " Epoca Dorada de Nogales" . El evento se llevará a cabo en el Auditorio del Supremo Tribunal de Justicia , cito en Tehuantepec y Comonfort de la Colonia Centenario, a las 18:00 Hrs .  Fungirá como Moderador Hilario Olea Ruiz y como Presentadores Norma Yolanda Ruiz Figueroa y Jesús Humberto Valencia Valencia.
Agradeceré me honres con tu presencia.
       Lic. Pedro Gabriel González Avilés  "Pilo"
PORTADA DEL LIBRO 
Puedes conseguirlo escribiendo al correo:  gonzalez_pilo@hotmail.com

18 de septiembre de 2010

FORJADORES DE HERMOSILLENSES

En la Escuela Secundaria conocida como Prevocacional ( la Prevo) del Blvd Morelos , aparecen en los años setentas, de izquierda a derecha Prof. Trejo ( Prefecto), Prof. Elliot Mercado Andrews , Prof. Francisco " Botas" Mendoza , Prof. José Estrada Alvarez, Prof. Ruiz ( Prefecto) y Prof. Graciano Castillo.

14 de septiembre de 2010

HISTORIA.- EL PUEBLO DE OPUTHO

Sábado 09 de Agosto de 2008
 TEMPLO DE SAN IGNACIO DE LOYOLA
Por: Néstor Fierros Moreno.
Antes de irnos a recordar la historia de nuestro pueblo, vamos a hacer, un pequeño recorrido por los pueblos del río Bavispe a manera de introducción de este trabajo.
 Hay una noticia de que en 1610, un franciscano llamado Mancos o Marcos estuvo en Bavispe, Bácerac y Tamichopa y que entonces eran rancherías pobladas por ópatas Cohuinanchis. De ser cierta esta noticia, tendríamos aquí al primer misionero de Sonora, anterior al padre Pedro Méndez, que llegó a Sonora por el sur en 1614.
 Este fray Marcos, era uno de esos frailes andariegos que en ese tiempo pasaban por Casas Grandes con rumbo a Nuevo México; éste misionero trashumante se perdió en la sierra yendo a dar a lo que hoy es Bacerac, de allí lo condujeron los mismos ópatas al Paso del Norte,(hoy El Paso, Texas).

 Este típico vagabundo del Reino de Dios estuvo poco en esa región. En ese mismo año de 1610, se fué. Sin embargo, fue también un franciscano el que estableció la primera misión en Bavispe y Bacerac: fray Silvestre Cárdenas, de los que trajo Perea; pero este misionero llegó allí en 1642.

Lo siguió también el franciscano Juan Suárez, de 1646 a 1649. (Paul Roca; Paths of the Padres through Sonora).

Una vez retirados los franciscanos por orden real, los jesuitas que venían del sur, se hicieron cargo de las misiones del río Bavispe. El padre Cristóbal García visitó esos pueblos en 1645. Los ópatas de allí pedían un misionero.

En 1646, el misionero Marcos del Río se estableció en Huásabas y los indios se congregaron en cuatro pueblos: Huásabas, Oputho, Bacadéhuachi y Nácori Chico.

El primer jesuita residente en Bacadéhuachi, fue Juan Betancourt, y atendía también Nácori Chico y Serva. En 1678 el padre Luis Dávila se hizo cargo de Nácori y visitaba además Serva, Móchopa y Sátachi.
En 1696 el Padre Kino, que venia de México, se desvió en El Coyote para ir a visitar a los padres de Bacadéhuachi y Nácori; esta deferencia le salvó la vida, pues cuando regresó encontró a todos los soldados muertos, junto con el capitán León. Los terribles apaches estaban en todas partes. (Amanecer en Sonora, Cruz G. Acuña).

En 1653 llegó el primer jesuita residente a Bacerac, Antonio Flores  atendía Bavispe, Huachinera y Tamichopa. Todos estos pueblos, excepto Tamichopa que el Domingo de Ramos de 1758 casi fue borrado del mapa por los apáches, subsistieron gracias a que lucharon constantemente contra sus eternos enenigos.

El Pueblo de Oputho fue fundado el 8 de octubre de 1645 por el misionero jesuita Marcos del Río, de origen flamenco o belga; había en la misión de Oposura -hoy Moctezuma- un misionero también flamenco llamado Egidio de Montefrio y fundó la misión de Cumupa -Cumpas- (Lugar de Cumaros) .

En cuanto al nombre de Marcos del Río era Mark Van Der Veken y el de Montefrio era el de Gilles de Fiodermont, quién exploró la región de Nacozari y que en 1660 fundaría a Nuestra Señora del Rosario de Nacozari -(Nopal Seco)-.
PLAZA JUAREZ
Opotho u Opothu se transformó durante la Conquista en Oputho, tomando dicho nombre por un manchón de ''palo fierro" que hay en la parte occidental del pueblo a la orilla del arroyo que lo parte en dos.
Con ese nombre permaneció por espacio de 300 años, hasta que le pusieron el apodo que hoy ostenta como una bofetada a la tradición de nuestros antepasados, atropellando la historia y nuestras costumbres .....Villa Hidalgo...¿Para que?...¿Con qué objeto? ....el tiempo lo dirá.

Sus primitivos habitantes eran indios ópatas de la familia de los Cohuinanchis.

El origen de la palabra es ópata: OPO, palo fierro y THO o THU indica lugar y por consiguiente el nombre es, "en el Palo Fierro" o ya en una forma mas castiza: Palofierral.

En 1688 se le conocía como San Ignacio de Oputho con 624 habitantes, la mayoría eran ópatas y uno que otro mestizo y eran atendidos por un misionero jesuita dependiendo tanto en lo político y religioso de Huásabas. (Cartas Arnnuas de los Rectorados).

En el siglo XVIII, había un convento llamado como San Ignacio de Loyola y estaba dedicado exclusivamente a la educación de los niños indígenas. De 1775 a 1786 estuvo a cargo del Padre Ventura Gutiérrez y la misión y el convento eran considerados como el centro de la opateria.

El convento estaba donde se levantó hoy la iglesia; anteriormente ésta se levantaba donde se encuentra la escuela primaria. Fue hasta 1862 cuando se edificó la actual iglesia.

Varias veces los habitantes tuvieron que abandonar el lugar a causa de los constantes ataques de los apaches. En 1862 se pobló el lugar en forma definitiva con la ayuda que les facilitó el gobierno del Estado, proporcionándoles armas, aperos de labranza y todo lo necesario. Entonces fue cuando se edificó la actual iglesia y el lugar que ocupaba se transformó en escuela, lugar donde abrevamos las luces del saber muchos de nosotros, de los que nacimos en esa tierra; por cierto que cuando se repobló el lugar, todos estos edificios se encontraban en ruinas.

De Huásabas vinieron 25 familias a repoblar el lugar, entre éstas familias se contaban Ramón Ramírez, Florentino Salcido, Santiago Rios, Manuel Ramirez (El Pato), Miguel, Octaviano y Julian Durazo, Manuel Moreno y varios más que escapan a mi memoria; además un destacamento de soldados al mando de Sacramento Fierros y como subalternos venían Pablo Durazo y Sacramento Barba.
ALTAR DE SAN IGNACIO
El hombre primitivo dejó sus huellas al poniente de la población, en algunos jeroglíficos y petroglifos grabados en las peñas y en una cueva que se encuentra en La Agua Caliente, (Tetabam en ópata).


¿Que mensaje dejaron nuestros antepasados en esos grabados? Nadie lo sabe mas al sur, en la vega del río, se han encontrado pedazos de cerámica; al parecer es una urna funeraria y existen otros indicios que no han sido debidamente estudiados y que tal vez, nos dirán muchas cosas del hombre autóctono.

El pueblo de Oputho fue elevado, a la categoría de municipalidad por Decreto expedido en la ciudad de Ures, que entonces era la capital del Estado el 3 de diciembre de 1874, siendo gobernador provisional el Lic. Joaquin B. Astiazarán. El primer presidente municipal fue el señor Manuel Moreno Mayén.

En la revolución maderista, la mayoría de la gente era de ideas revolucionarias; cuando se tuvo noticias de los Talamante en Sahuaripa, el Prefecto del Distrito Francisco A. Chiapa levantó en Oputho 20 "voluntarios" para ir a combatir a aquellos.

Entre los que se encontraban Antonio Durazo, Plutarco Arvayo, Prisciliano Rojas, José Muñoz, Emilio Fierros (mi padre), Feliciano Martínez y varios más. Todos ellos eran maderistas de convicción, por eso los enganchó para tenerlos controlados. A la hora del combate, todos cumplieron como buenos, después, la mayoría desertó o se unieron a las filas revolucionarias.

Los maderistas más notables de Oputho eran: Francisco A. Langston, Alfonso Durazo y Florentino Valencia.

Este ultimo estuvo en varios combates alcanzó el grado de Mayor en la revolución al lado de Calles; estuvo también en Anivácachi, Cabullona, Paredes y en el sitio de Agua Prieta en 1915.

Alfonso Durazo introducía con un hatajo de mulas, bastimentos a la plaza de Agua Prieta, principal reducto de Calles; en cuanto el señor Francisco A. Langston fue el primer diputado maderista por el Distrito de Moctezuma y formaba parte del Congreso Local que desconoció a Victoriano Huerta como Presidente de México en 1913.

En el régimen del licenciado Luis Encinas hubo otro diputado nativo de nuestro pueblo; él fue Don Ignacio D. Fierros y era muy conocido en el PRI donde dejó muy buenos recuerdos.

De trascedental importancia en los mitos de nuestro pueblo, es el combate librado el 23 de agosto de 1912 contra una partida de "colorados" orozquistas. Un grupo de 35 vecinos, la mayoría veteranos del maderismo y también uno que otro que habían combatido a los apaches, se enfrentaron a más de doscientos colorados por más de cuatro horas. Y si no se les hubiera acabado el parque, los colorados no entran al ,pueblo; viéndose obligados los defensores a buscar refugio en la sierra, a excepción de unos que cayeron en poder de los colorados y hubo de pagarse un rescate de 100 pesos por su liberación. En otro relato daremos pormenores de esta gesta.

En el tiempo del Imperio, en este lugar se fusiló al último rebelde: Salvador Vázquez. Este señor anduvo alzado en contra del republicanismo después que terminó el citado Imperio; hasta que fué sorprendido junto con un grupo de descontentos el 12 de junio de 1868 por Don Francisco Fimbres, de las fuerzas del Prefecto Román Vázquez, fue fusilado a un lado de la puerta del Ayuntamiento de Oputho, en unión de dos de sus compañeros de la aventura.(La Frontera Nómada, Hector Aguilar Camin) .

RIO BAVISPE
La primera carretera que hubo en nuestro municipio se construyó en 1926, para comunicar éste pueblo con el de Huásabas. Era presidente municipal el señor Laureano Moreno y se integró además, un comité formado por: Benjamin G. Durazo como presidente; Lizandro D. Fierros como Secretario; Ricardo Durazo como tesorero. Como Vocales: Ramón Ruiz, Pedro P. Rios, Benito Barba y Francisco M. Rios.

El costo de la obra fue de $ 5 ,476 Pesos y que el pueblo sufragó sin la ayuda de afuera, pues, aunque los de Huásabas se comprometieron ayudar, nunca intentaron hacerlo.

Fue en los años cuarenta, cuando se construyó el camino de Oputho a Nacozari. Este trabajo se hizo con la colaboración de todos los vecinos que aportaron cada quien a la medida de sus posibilidades.

Unos con herramientas, otros con materiales y trabajo, en fin; cada quién aportó lo que pudo a incluyéndose también una raquítica ayuda de $ 8 Mil pesos por parte del gobierno del Estado y otra del Ayuntamiento de Nacozari que presidía Felizardo Cázares. El presidente de Oputho en ese tiempo era el señor José Jesús R. Rios.

En el año de 1947, se empezaron los trabajos para la instalación de una escuela secundaria, que en sus primeros años funcionó por cuenta de los habitantes del pueblo. Para eso, se formó un comité Pro-Secundaria y se encontraba integrado por las siguientes personas: Presidente José Pedro Durazo, Secretario Raúl Romero y como Tesorero don Rubén Romero; además de 4 vocales. Así pues, empezó a funcionar nuestra secundaria bajo la dirección del Profesor Gilberto Pacheco Castillo; los maestros de la primaria como catedráticos, tenían el apoyo irrestricto del C. Presidente Municipal don Manuel Acuña Robles.

Ahora refiriéndose al cambio de nombre del pueblo, o más bien al "apodo" que hoy ostenta desde 1965, en que un grupo de personas determinaron cambiarle el nombre y quién sabe con que objeto. Se discutía que dicho nombre se escuchaba mal y se prestaba a interpretaciones de gente morbosa e ignorante.

Más malo es pasar sobre nuestras tradiciones que nos legaron nuestros antepasados, que si supieron luchar para engrandecer a nuestro pueblo y defenderlo cuantas veces se hizo necesario.

¿Que no es falta de conocimientos históricos cambiarle el nombre a un lugar nomás porque tiene un fonema que se presta a malas interpretaciones de gente ignorante? Eso es propio de gente morbosa que solo piensa en cosas incongruentes. ¿No lo cree usted así?

PAISAJE
Para formar estos apuntes, me he inspirado en el cariño que tengo por mi tierra natal y he tratado de hilvanar estos mal vertidos conceptos en homenaje a nuestros antepasados. Esta corta explicación obedece a mi devota memoria por los viejos de mi tierra; por las raíces, los troncos y todo lo bueno que hubo en ellos.

Por sus retoños también que cumplieron como buenos y bajaron a la tumba, leales a su destino; por los que quedamos para imitar su ejemplo de desinterés, de valentía, fuerza física y moral, elevado carácter y altos valores humanos.

Todo lo que podamos estudiar de nuestros antepasados nos robustece y nos alienta a seguir imitándoles su ejemplo, que es el de buscar el bienestar de nuestra comunidad.
En este lugar hemos nacido, hemos crecido, hemos vivido, hemos gozado , hemos sufrido y hemos amado. En este rincón del mundo, cuna de nuestras ilusiones, de nuestro devenir; en este lugar reposan los restos de nuestros abuelos, de nuestros padres, hermanos y amigos y parientes; cubiertos por esta tierra bendita que ellos supieron engrandecer con sus acciones y con su coraje la hicieron fructificar.

Tierra generosa que algún día nos cubrirá también a nosotros; a los buenos, a los malos, porque esta tierra no distingue a nadie, alimenta a todos y a todos cobija en su seno cuando rendimos el postrer tributo.

En estos cortos apuntes, invito a los habitantes de mi pueblo a repasar su propia existencia, que narra la vida de nuestro pueblo, de nuestro Estado y de nuestro México.

Jóvenes estudiantes, a ustedes les toca recoger e incrementar la tradición de nuestros abuelos, para engrandecer esta tierra que nos vio nacer y los altos Valores Humanos que nuestros antepasados nos legaron tan dignamente.

1 de septiembre de 2010

Recuerdos del Casino Cuauthemoc.

Mi  Época de Músico Profesional . Los Bailes en el Cuá-Cuá 
por Héctor Rodríguez Espinoza   
29 de Agosto del 2010
 Sample Image
Fragmento del libro autobiográfico "1956. Evocaciones de un universtario" Inédito.
            En ese año de 1961, algunos muchachos de la Banda de música empezaron a tocar en algunas orquestas de la ciudad, convirtiéndose en cierta forma en profesionales. Entonces muchos decidimos formar la Orquesta Juvenil Universitaria, cuyo repertorio sencillo y de moda, ensayábamos en las casas de Guillermo Minjáres y Manuel de Jesús Vega Pompa. Tocamos en algunos bailes en el Gimnasio de la Universidad, en fiestas particulares y hasta realizamos una gira por Navojoa y Huatabampo, organizada por Norberto Cruz Valdez.  Nuestro grupo, por la simpatía que despertaba y que podría haber acaparado los tradicionales bailes de la Universidad, fue naturalmente vista con desconfianza por las orquestas de moda del también trompetista Manuel "Manuelito" García y del saxofonista Andrés El Chato Ureña, que tenía su feudo dancístico en su Casino XX,  por lo cual hicieron ofertas atractivas a algunos de nuestros mejores elementos y nos desbarataron.

 Sample Image
            En los meses finales de ese 1961, por la influencia de Luis mi hermano, me enrolé en una orquesta de baile que se formó para competir con la de Manuelito García, que además de su tradición contaba con los mejores músicos de la localidad y acaparaba todos los bailes que valían la pena, pero que, como Director -haciendo honor a que el que  parte y reparte, se queda con la mejor parte, cual todo un buen caimán, como pícara y hasta “cariñosamente” se  les llama en el gremio-, era acusado de no distribuir equitativamente las ganancias. El conjunto se llamó Carta Blanca, por el patrocinio de esa cervecería. Nos compramos un uniforme de otoño, compuesto de pantalón negro y una camisa verde de manga corta, que compramos en Mazón Hermanos. Nuestro asiento de ensayos y de bailes nocturnos dominicales fue el Casino Cuauhtémoc (el popularísimo y desaparecido Casino “Cua Cuá”). En la orquesta estaban de los mejores instrumentistas, como -entre otros, que no recuerdo- Rodolfo El Chino Medina Rivera, Marcos Minjárez, Antonio Mariachi Gutiérrez, José Supo y yo, en la trompeta; mi hermano Luis El Gordo, Alfonso Moreno, Alejandro El Cachas Minjáres (+) y Juan de Dios Alegría Mayboca, como trombones de vara; René Rivera, Catarino Chacho Vásquez, Marianito Valdéz, el entonces Director de la Escuela primaria Benito Juárez  e Ignacio El Nacho Galindo Barajas (+), Agustín Zorrillo Barajas, como saxofones contraltos; Angel Valdéz, Armando Noriega, Guillermo El Memo Minjáres y José Pepe Tánori (+), como Saxofones tenores; y Antonio El Toño Ureña, como saxofón barítono; Tomás Don Tomy López (+) como Contrabajo; José Tánori y Moisés El Cuate Solano, en la guitarra eléctrica; y Arnulfo El Cuta Miranda (+), como baterista y el nuevo caimán. El repertorio era variado y rítmico, amenizando  los bailes en bloques de cuatro pieza llamadas tandas, por lo general tres melodías alegres y movidas (Mambos, chachachás, merengues, Sones montunos o danzones y algunas corriditas, arreglos de Pablo Beltrán Ruiz, Dámaso Perez Prado, Carlos Campos, Chucho Zarzoza, Salvador Rangel y de nuestro Ivón Mendez(+)), para cerrar con un bolero de contoneo lento y cachondo. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, a Mambos Nos. 5 y 8, Pelotero la bola, Torrente, Moliendo cafe, Y, La paloma, Óyeme cachita, Palillos chinos, La mancornadora, El manicero, Guaglione, Perfidia, Tequila, Muchacha, Juárez, Nereidas, Sábado en Tijuana, Patricia, La burbuja, México, Ruedas, Merecumbé Ay cosita linda, Al di lá, Pepe, Musita, La boa, El yerberito, Recuerdos de Ipacarahí... y tantísimas otras favoritas de músicos y público y de una época tan intensa cuan irrepetible? Solíamos cerrar los bailes con el clásico bolero que hizo famoso María Luisa Landín, Amor perdido, cuyas primeras  notas lentas y descendentes de los  dos compases iniciales -ta - ra - ra - ráaa..., ta ra ra rá, ra rá, ra rá, ráaaa...-, invariablemente producían unánime estallido expresivo de júbilo de las parejas que, con las manos apretaditas y sudorosas se encontraban en la pista e inmediatamente se fundían en el abrazo melódico, de cachetito, confundidos Old spice con Chanel no. 5, con los ojos cerrados y mordiendo él la orejita de la dama; y hasta los que se habían sentado se levantaban, como resorte, para disfrutar aprisionados en tan lúdico y rítmico estrujón, consumar la despedida de esa madrugada y hacer cita para el próximo domingo:
 Sample Image
            La mejor época para las orquestas es la de fin de año, por las posadas, las bodas y los bailes de navidad y de fin y nuevo año. Así fue ese 1961, pues recuerdo contratos especiales, como uno en el viejo casino de Hermosillo (en lo que es ahora la Dirección del Trabajo), en el que como variedad acompañamos a Las Hermanitas Jiménez, dueto roquero de jovencitas que andaban de moda; y otro en el antiguo Casino Aliancista (edificio histórico convertido en  el Instituto Sonorense de Cultura), cuando, también como variedad, acompañamos a Marco Antonio Muñiz, siendo una de las melodías Escándalo, que junto con Celoso y Luz y sombras, la acababa de grabar y andaban de moda; por cierto la canción empieza con un Solo de Saxofón tenor, que le tocó ejecutarlo a Angel Valdéz, con una calidad tan extraordinaria que provocó una mirada de  apantallamiento del cantante quien, al terminar la pieza, felicitó a Angel. Al preguntarle Marco Antonio a nuestro saxofonista estrella que si en qué orquesta había aprendido a tocar así, él le contestó que casualmente en la más reciente de sus temporadas en la ciudad de México, donde desde entonces es reconocido, ¡había sido invitado para grabar ese Solo en el disco, con la orquesta que acompañó a Muñíz y famoso en el mundo latino entero!
             El caso es que con tantas tocadas acumulé la fabulosa cantidad de $500.00 de aquellos; y eso que por mi juventud, inexperiencia y realmente no tanta necesidad como los demás músicos profesionales, estuve consciente de que había sido víctima de una caimaniada más del amigo El Cuta.
            La orquesta, víctima de las rivalidades propias de tantas personalidades e individualidades y, en cierta forma, estrellas en sus respectivos instrumentos, pero incapaces de trabajar en equipo, se desintegró. Poco duró el gusto de competir con Manuel Manuelito García, quien recuperó algunos músicos y el monopolio del mercado dancístico hermosillense. Cada músico tomó su camino. Algunos nos integramos a una orquesta más modesta caimaniada por el también trompetista El Negro Gracia (a quien la raza llamábamos ¡El negro desgracia!) y nos quedamos en el Casino Cuahutémoc, tocando algunos meses de 1962. El repertorio era menos exigente y recuerdo tres piezas que repetíamos: Elsie Mambo, La Dama de España y la corridita Saboreaste tú la miel de mi primer amor.

            En ese habitual centro de saraos concurrían jóvenes de todas las clases económicas, principalmente de estratos medios y estudiantiles, en  un democrático ejercicio de diversión social, con la botella de cerveza en la mano como si fuera parte del cuerpo, excepción hecha de Luis Manuel Isibasi y Rodrigo Elizalde Carrillo, que como buenos deportistas siempre se distinguían -hasta en sus incursiones postreras en los cabarets de la zona de tolerancia- por portar, ridículamente, ¡una cocacola chica! Muchos reconocidos profesionistas de hoy hicimos ahí  nuestros primeros pininos de baile y conquistas con jovencitas sencillas y más jaladoras (en el buen sentido de la palabra) que nuestras noviecitas santas.
            Una menguada orquesta del Negro Gracia se le veía, en los años siguientes, tocando honradamente en el cabaret Bertha's, de la extinta zona de tolerancia de la ciudad, entre vueltas y vueltas y siseantes expresiones de paciencia, con la charola de licor en todo lo alto, de Nacho , el mesero (que tan bien imitaba Santiago Cota de la Torre y de trágica muerte en su habitación). La orquesta acompañaba a las vedettes del tercer mundo y del quinto patio, con la clásica El hombre del Brazo de Oro (-tat - tará ra ra ra rá - ra ra ra rá,  empezaba la trompeta; -  pa rrá pa pa pám, contestaban el trombón y la batería...) y a los cantantes de la Variedad, como aquel que tenía en un puño la atención e identificación de  las mujeres ahí asiladas, cuando cantaban, a coro," Amor de Cabaret etc."
Sample Image

            Una ocasión me invitó Andrés El Chato Ureña, en un baile dominical, a tocar en su orquesta, donde trabajaba mi hermano Luis, teniendo como variedad al Barítono de Argel, Hugo Avendaño. En punto de las nueve de la noche, como cada domingo, abría la jornada fiestera un arreglo de Star Dust (Polvo de Estrellas) que, como rúbrica característica, se le había encargado a Ivón Méndez y que precisamente -después de una llamativa introducción de la batería-, brillaba un solo de trompeta. Me encantaba escuchar esa señal musical que la ejecutaba El Goyo, pero esa noche reforzaba al grupo el propio Maestro Ivón, quien por supuesto le correspondió interpretarlo, sentado junto a mí. Ese fue el primero de mis deleites. El segundo fue  cuando nos pusimos de acuerdo con el cantante sobre el repertorio, una de cuyas melodías era Júrame, de María Greever, que se inicia con un  solo de violín, difícil por sus notas en escala muy aguda. Al no contar nuestra orquesta con ese instrumento de cuerda, se fastidió un poco Don Hugo, pues limitaba su lucimiento, con el cansabido aguite de El chato. Pero entonces Ivón, comprensiva y modestamente, le pidió la partitura y después de escrutarla no más de 5 segundos, se comprometió a ejecutar tan importantes compases. Así fue, el divo pudo deleitar al público con el elenco completo de su espectáculo, gracias a la maestría de nuestro notable instrumentista.
Tomado del portal www.contactox.net , Contenido en Forma de Claudio Escoboza S.  

17 de junio de 2010

LA PREVO, FORMADORA DE HERMOSILLENSES.

“Por Allá en la Prevo”
 
Tomado del Portal CONTACTOX de Claudio Escobosa Serrano
Pagina WEB: http://www.contactox.net
 
Por Fernando Andrade Domínguez   


         Por más que pedí el favor, por más que rogué, mis peticiones no fueron escuchadas, no tuve el poder de convencimiento para penetrar hasta las fibras más íntimas de mi maestra de cálculo mercantil: severa, digna, hosca, grave y reposada  permanecía con la vista fija en el registro de calificaciones que tenia sobre el escritorio del salón de tercero de la Prevo, lado oriente con vista a la calle Yánez.
         Irremediablemente troné en esa materia y eso me costó que no obtuviera mi certificado de enseñanza secundaria; la señora Profesora Rosario Paliza de Carpio, “la Chalina” como le conocíamos y que no se tome en sentido peyorativo, me reprobó nada más por el hecho de que en ese día de invierno, prendimos una luz de bengala dentro del salón y como estaba todo encerrado, pues imagínense, todo se lleno de humo y aun cuando fuimos tres los responsables, a mí se me señaló como el autor de esa indisciplina y  se me declaró culpable absoluto.
         Esa travesura, que no fue más que una travesura, me resultó muy cara, fue el pretexto para dejar de estudiar, de alguna manera me sentí frustrado para poder   seguir una carrera; pusilánime y cobarde, decliné en mis deseos secretos de llegar a  ser un Médico.

 La Prevo en Hermosillo, Sonora

          ¡Soy un afortunado!, pertenezco a una generación que vivió el esplendor de  las bellas y hermosas vivencias que hoy desafortunadamente son sólo bellísimos recuerdos.
         Jamás olvidaré y creo firmemente que tampoco, mis amigos y amigas de los años cincuenta, el vetusto y señorial edificio de la Escuela Enseñanzas Especiales # 26 de la Serdán y Yáñez, regio, enorme, aristocrático, con el toque mágico de la belleza que da la bondad con que fueron realizados.
         Una entrada de dos peldaños anchos, de granito, un descanso y cuatro escalones más para ingresar al majestuoso corredor, rodeando un jardín interior a desnivel al que se penetraba por los cuatro puntos cardinales mediante escalinatas con apoyo de pasarelas de fierro forjado, ingresando a sombreado lugar que proporcionaban cuatro gigantescos Laureles de la India, (yucatecos) cargados de una legitima historia ya que fueron de los primeros que se trajeron desde el lejano Estado de Yucatán y que se aclimataron rápidamente a nuestro clima desértico.
Me parece que de pronto estoy en ese lugar...       
         Ya lo pasado, pasado, a lo que voy es al hecho de que de todas maneras tuve derecho a participar en los Festivales de Fin de Cursos; eso si nadie me lo evitó, con mucho entusiasmo tome parte activa; primero: como miembro de la banda de guerra de la escuela, dirigida por el cabo Alfonso Laus Zazueta en los honores a la bandera,  portando orgulloso el uniforme oficial de bandero: bota conscripta de color negro, pantalón y camisa de kaki, corbata y cuartelera del mismo material y en cada brazo desde los hombros a los codos, orgullosos lucíamos los “golpes”, (parches con borlas de color rojo) que nos hacían sentirnos la ultima coca cola del desierto.
         Toda esta celebración se llevaba a cabo en la cancha deportiva del vetusto edificio de la calle Serdán, viejo pero fuerte, de puro cemento y que todavía estuviera en uso si no hubiese sido víctima de la piqueta del progreso… ($)
         Como siempre, un recuerdo a mis compañeros de la Banda de Guerra de la Escuela Enseñanzas Especiales # 26, la popular Prevo, durante más de tres años en que la mayoría nos sostuvimos, algunos se salieron o ya no continuaron en la escuela pero la mayoría, repito, nos sostuvimos:
         Ing. Luis Fonseca (corneta), Dr. Luis Castillo Carrillo (caja), Roberto “Negro” Félix Sáenz (caja), José “Chesito” Córdova Tánori (corneta),  Fernando Andrade D. (caja), Alfonso Cota Gallardo (caja), José María “Güero” Cota Gallardo (caja), Jesús ”Güero” Rendón Icedo (corneta), Ramón Rendón Icedo (corneta) –(de lo mejor, tan bueno como el Cabo Alfonso Laus Zazueta)-; Jesús Icedo (caja), Antonio “Tonche” Ríos (caja) Jesús “Gori” Echave (corneta), Lic. Luis Carlos Durán Ríos (caja), Miguel León Olivarría (caja), Felipe “Choro” Rodríguez (corneta), Juanito Gutiérrez (Corneta), Francisco “Guacho” Candiani (caja), Luis Roberto Madero (caja), Dr. Héctor Candiani (corneta). Héctor Revilla (caja), Alfonso Cons (caja), Lic. Heriberto Ramírez del Castillo “ El Zurdo” (caja), Armando Valenzuela “el Plois” (caja), Ismael Cota (caja), Miguel Ángel Moreno “el Diablo”, (caja), MiguelLargoAcedo (corneta), Roberto Chan Alejo, (corneta), Jesús Angulo (corneta) y algunos más que lamento no recordar y a los que ruego me disculpen. 
         Haciendo un ligero paréntesis, no me puedo brincar el recuerdo de los conocimientos que adquirimos para poder forjar una caja (tambor), la preparación (mantenerlo una o dos semanas en el agua) el corte correcto, secado y montado sobre los aros de madera y los cilindros metálicos de lamina que le daban la resonancia que deseábamos “jalar” el encordado con guantes: en primer lugar para no maltratarnos las manos y en segundo para no manchar la cuerda de algodón color blanco, que debía estar lo suficientemente restirada y asegurada para que el cuero no se aflojara y sonara sordo, abrillantar con “braso”, pasta para pulir metales, los aros de metal cilíndrico y dejarlo como para encandilar en los desfiles o en ceremonias importantes.
         Con grasa y crema para pieles, sacarle lustre al “portacajas”, a la fornitura y al mandil que formaban parte de la vestimenta oficial de un bandero (elemento), dejarlos tan brillantes como las botas que debíamos portar como parte del uniforme.
         Tenía que comentar lo anterior porque si no mis antiguos compañeros no me lo habrían perdonado. 
         Enseguida y continuando con las festividades de fin de cursos, con el uniforme normal, un grupo de 40 (cuarenta) alumnos hicimos una tabla gimnastica con los viejos máuser que para la ocasión habían sido debidamente aceitados y pulidos, brillantes y deslumbrantes se convertían en una prolongación de nuestros brazos y con rítmico conteo al unísono formábamos una bonita estampa escolar, que a base de práctica diaria con el Prof. Carlos Espinoza Muñoz, (el “Largo”), adquiríamos  la destreza necesaria  para lucir en  esa fecha.
         Enseguida venía un baile popular que los alumnos integrantes del grupo de danza folklórica que bajo la dirección de la inolvidable maestra Migdelina Gil Samaniego, con ropajes festivos muy mexicanos, atendiendo las enseñanzas de tan recordada maestra, nos ganábamos el aplauso de los asistentes.
         El número fuerte del grupo de danza, durante más de tres años  lo constituía un número bailable ejecutado por las Cuatitas Aguilar que con sus vestidos blancos con gotas rojas o rojos con gotas blancas, llenas de holanes, giraban graciosamente  al ritmo de las castañuelas y la música española que emergía del tocadiscos.
         El colofón de la noche: los graduantes ejecutando el vals “Los Bosques de Viena”, las damas de vestidos de gasa o de tul, que sé yo, ampulosos: blancos, rosas o azules pastel, adornados con una enorme rosa en el pecho; los incipientes  caballeros con su traje azul marino o negro, bien boleaditos, peladitos y peinaditos  y por supuesto la maestra Migde dirigiendo los compases y los pasos.



         Y para terminar,  dirigirnos a el salón de baile alquilado para la ocasión, las palabras de despedida de un alumno distinguido y de cajón,  las del Sr. Director  Alfredo Eguiarte Flores, instándonos para que los conocimientos adquiridos en la escuela los aplicáramos en bien de la comunidad  y por supuesto en provecho de la familia.
         Al terminar los estudios de secundaria, en aquellos tiempos los amigos se alejan y se enfrascan en la lucha diaria, siguen su camino y continúan sus estudios profesionales, los más a buscar el modus vivendi en nuestra localidad o en algún lugar al que nuestras aptitudes nos lleven, pasan los años y dejamos de vernos pero el recuerdo siempre está vivo, a mis amigos de secundaria jamás los podre olvidar, a los que triunfaron, a los que sucumbieron atropellados por la vida, a los que se nos adelantaron y a los que nos seguimos viendo en este pueblo en la faena diaria que nos trata como a dados en cubilete de arriba para debajo de un lado para otro. Amigos los saludo y los recuerdo siempre.
         Me asalta la nostalgia cuando por necesidad tránsito por la calle Serdán y siento que como por arte de birlibirloque, de un momento a otro la decrépita avenida, estampa actual de la rúa de algún país de post- guerra, va a renacer  nuevamente a la vida, la alegría y movimiento de antaño, que va a revivir y la bandada de alegres y despreocupadas chiquillas como parvada de alegres pajarillos,  de uniforme blanco y rojo de la Prevo inundara sus banquetas confundiéndose con las bellísimas y elegantes empleadas de la banca y comercio y que “La  Nevería La Ideal”, “El Pradas”, el “Cine Noriega” como el “Ave Fénix” de las ruinas y escombros, batirán sus alas en pos de la vida.
         No es que los tiempos pasados me parezcan mejores, no señores definitivamente, todos los  tiempos ¡¡son mejores!! Sin duda alguna; cada uno de nosotros guardamos recuerdos y siempre estamos pensando en que lo pasado ha sido lo mejor, todos los días, cada amanecer nos traerá la esperanza y el gusto de vivir, nosotros, nadie más que nosotros, somos los responsables de crear los recuerdos buenos y malos.
Gracias
 Alumnos de la Vocacional en los Sesentas

2 de mayo de 2010

LAS PRIMERAS HAMBURGUESAS EN HERMOSILLO

Tomado del Portal CONTACTOX de Claudio Escoboza Serrano, enlace: http://www.contactox.net/index.php?option=com_content&task=view&id=3387&Itemid=1

Por: Carlos Lucero Aja    
El tema no trata sobre muchachas de Hamburgo, Alemania, de turistas en esta ciudad de Hermosillo, sino de las hamburguesas que se comen (aunque aquellas pudieran estar como para eso), ese platillo práctico y típico de Estados Unidos que invadió al mundo en el siglo pasado (siglo XX). Antes de la mitad de ese siglo, en nuestra entonces pequeña ciudad capital del Estado de Sonora, no se conocían y lo que se acostumbraba comer eran los “lonches” de pan virginia con bolonia o salami y lechuga; prefiriéndose más los antojitos mexicanos como los tacos, las gorditas, las tostadas y el famoso menudo para los crudos.
  También se saboreaban los tamales de carne con chile, los de elote y los de frijol dulce, además de los burros de frijol. La carne machaca como se conoce hoy no se comía, sino que la “carne seca”, que así se le llamaba, se comía a mordiscos acompañada de panocha y atole blanco, y de postre pinole. La carne seca se machacaba o golpeaba con una piedra para ablandarla (de donde viene el nombre de “machaca”). Fue hasta tiempo después que se comenzó a desmenuzar y revolverle huevo.


 Cipriano y Celia Lucero frente a su primer Café Kiki

         En aquellos ya lejanos días, la gente no acostumbraba mucho comer en la calle o en restaurantes, además de que no existían muchos establecimientos donde sirvieran comida, ya que todas las mujeres de entonces sabían cocinar y hacer tortillas de harina de trigo, llamadas “tortillas de agua” y por los guachos “sobaqueras”.
         Entre los pocos “cafés” y “restaurantes”, según Moisés “el Cuervito” Zamora, estaban el restaurante El Cairo, frente al Cine Noriega, donde se servía famoso mole; Las Delicias, frente a la cantina El Gato Negro, donde los desvelados comían menudo y tostadas. En el lugar conocido como El Parián, al costado norte del Mercado Municipal, el chino Pedro Park (que se cambió después al lado del Cine Reforma), al igual que el chino Abelardo Juanz, frente a la Casa Blanca, (hacienda que estaba donde hoy está la colonia de ese mismo nombre), servían sus “chapsuys”.
 

 Primeros empleados del Café Kiki

         De lo más visitadas eran las mesitas que estaban dentro de la “Pera” del ferrocarril, que se llenaban cada vez que llegaba el tren. De estos pequeños restaurantes los más conocidos fueron los de la señora Ramona Preciado de Luna y el de la famosa “Chagua”.
         También en aquellos tiempos, en las cantinas como El Gandarita, del señor Manuel Gándara, o La Bohemia, del señor Pedro Miranda, por el precio de una cerveza al parroquiano lo atiborraban de botanas como: carne con chile, morcilla, papas cocidas con chile verde, picadillo, tacos y lonches, por lo que ni falta hacían los restaurantes.
 

 Inauguración del segundo Café Kiki

         En el año de 1947, el señor Cipriano P. Lucero, junto con su esposa la señora Luz Celia Aja de Lucero (mis padres), establecieron un pequeño restaurante llamado Café Kiki enseguida de la gasolinera Pesqueira del señor Joaquín Pesqueira, en la esquina de las calles Matamoros y Sonora frente al Jardín Juárez. Allí se vendió la primera hamburguesa en Hermosillo ese año.
         Al lado oriente se puso después la Nevería Chita del señor José Olivarría, torero que fue conocido con el sobrenombre de “Pepete”, que vendía las más sabrosas nieves y helados. La visión práctica del “Nito”, como llamaban al señor Lucero, quien en la Segunda Guerra Mundial fue sargento en jefe de cocina en Nueva Guinea y por lo tanto con experiencia en alimentos, lo llevó pronto a incluir en el menú los primeros “chili beans” y otros antojitos norteamericanos como: “sandwich de jamón y queso amarillo”, “hamburguer steak”, “cheeseburger”, los famosos “hot dogs” y las “leches malteadas”.
 

 Cipriano Lucero, sargento en jefe de cocina en la Segunda Guerra

         Sobre los “hot dogs” diremos que ya se conocían y se vendían aquí los “winiers” o salchichas, pero se comían en rebanaditas dentro del pan virginia, por lo que el primero de esos al estilo gringo se sirvió también en el Kiki. El pan alargado no existía en Hermosillo, por lo que el señor Lucero le explicó al señor Silvestre Munguía, dueño entonces de la panadería La Vencedora (hoy Los Tres Milagros), cómo debían ser los dichosos panes: -“como los virginia pero alargados”, los que se comenzaron a fabricar desde entonces.
         A medida que las hamburguesas y los hot dogs les fueron gustando a los hermosillenses y visitantes, los establecimientos que los vendieron aumentaron en número y todas las panaderías fabricaron el pan para ese alimento. Pequeña sucursal del Kiki se puso por corto tiempo, en 1950, en el Hotel Calderón por la calle Rosales (donde estuvo después el restaurante Las Cazuelas, de histórico fin, el Hotel Internacional y hoy edificio de Telcel).

 Cipriano Lucero con empleadas del Café Kiki

         Por esas mismas fechas aparecieron el Nogales Café, por la calle Matamoros, del señor Isidoro Angulo, su propietario; la refresquería El Limoncito, en la esquina noreste del Jardín Juárez; el Café Boulevard, por la avenida Serdán (donde estuvo la tienda Mazón Hermanos y hoy está Famsa), que vendía tamales y café, cambiándose después a un nuevo local por la avenida Doctor Noriega con el nombre de Rosticería El Rodeo, especializándose en carne asada.
         El negocio de los esposos Lucero fue prosperando y se cambiaron a fines de 1955 a un local más amplio y nuevo en el recién estrenado edificio llamado Café Combate, al lado norte de la radiodifusora XEDM y del Cine Sonora. A este nuevo restaurante acudían principalmente los jóvenes de antaño a saborear su alimento preferido y a escuchar en la “sinfonola” o “rocola” los éxitos musicales de entonces como: “Los marcianos llegaron ya”, “Pimpollo”, “Pancho López” y muchas otras; llenándose también de gente que salía de los cines Nacional, Sonora y Lírico que rodeaban al Jardín Juárez.

 Café Kiki en el Edificio del Café Combate

         De allí el Café Kiki se cambiaría más lejos, en 1958, esta vez hasta la colonia Pitic en un edificio de su propiedad, en la esquina de Carretera Internacional (hoy boulevar Eusebio Francisco Kino) y calle general Ramón Yocupicio, al poniente de la gasolinera El Capitán (que después se cambió a esa esquina). Nuevamente la sociedad hermosillense siguió asistiendo a este lugar a saborear las mejores hamburguesas, aprovechando el nuevo servicio de atención en los automóviles conocido como “drive in”. Como estaba a la entrada norte de la ciudad, paso de los turistas norteamericanos, era parada obligatoria para ellos, donde además obtenían información de todo tipo para su estancia en el país que les proporcionaba el señor Lucero en su propio idioma o ayuda en alguna emergencia, ya que todavía no existía el Consulado de Estados Unidos en la ciudad. Dicho restaurante era también sitio de convivencia de los aguerridos alumnos del Colegio Regis.

 Café Kiki en la Colonia Pitic

         A partir de los años sesentas apareció otro restaurante muy visitado por los jóvenes estudiantes: el Café Pradas, por la avenida Serdán casi esquina con la calle Matamoros, donde también vendían hamburguesas y la refresquería Las Delicias del Parque, en el Parque Madero, frente al estadio de béisbol Fernando M. Ortiz (hoy Parque Infantil).
         El Café Kiki llegó a su fin el 13 de julio de 1968, 21 años después de su fundación, gracias a que desagradecidos y malos empleados recién sindicalizados “mataran su gallina de los huevos de oro alentados por el líder cetemista Francisco Bojórquez Mungaray. Eso influyó en el ánimo de mi padre quien falleció dos años después, el 22 de octubre de 1970, a los sesenta años de edad, en Los Ángeles, California, a donde había ido a comenzar de nuevo. El restaurante se clausuró y después de un largo juicio donde mi madre se tuvo que declarar “loca”, porque el susodicho líder no dejaba cerrarlo, se remató junto con una casa de dos pisos recién construida en la parte posterior, donde viviríamos, para pagarles a los empleados, quedándose el de la CTM con la mayor parte del pastel. Entre los pocos empleados leales a su patrón estuvieron Rita Romero y Manuel Ríos Delgado.

 Café Kiki en 1966

         En el mismo edificio del restaurante se instaló después la nevería del señor Jorge Corral llamada Helados Ricco, derrumbándose posteriormente para instalar sobre ella la gasolinera. A partir de aquella fecha comenzaron a aparecer nuevos restaurantes donde se vendieron hamburguesas o hot dogs. Entre los más conocidos estuvieron el Kon Tiki, La Ponderosa, los Hot dogs Medina, apareciendo en los setentas el Happy Boys, el Manix, el Napys y el Japs, la mayoría ya inexistentes.

 Cipriano Lucero atendiendo turistas norteamericanos

         A medida que Hermosillo fue creciendo en tamaño y en número de habitantes, surgieron establecimientos gastronómicos de todos tipos, desde la comida sonorense y mexicana hasta la internacional y para todos los paladares y bolsillos. Con la inmigración de la gente del sur del país se establecieron gran cantidad de taquerías, tortas y licuados de frutas, apareciendo años después las pizzerías y posteriormente los “sushis”. Frente a la Universidad de Sonora fueron llegando poco a poco expendedores de hot dogs en sus propios carritos “hatdogueros” móviles, hoy sitio turístico y obligado para los amantes de ese alimento, sólo que ya no en su estilo original estadounidense, sino en una nueva modalidad que los ha hecho famosos dentro y fuera de la ciudad con sus hot dogs al “estilo Hermosillo”.

 Familia Lucero en la construcción del tercer Café Kiki




 Interior del segundo Café Kiki




 Celia de Lucero en el Kiki de la Pitic

  

 Cipriano Lucero y su hermana Elvira